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Soneto
LXIX
Tal vez no ser
es ser sin que tú seas,
sin que vayas cortando el mediodía
como una flor azul, sin que camines
más tarde por la niebla y los ladrillos,
sin esa
luz que llevas en la mano
que tal vez otros no verán dorada,
que tal vez nadie supo que crecía
como el origen rojo de la rosa,
sin que
seas, en fin, sin que vinieras
brusca, incitante, a conocer mi vida,
ráfaga de rosal, trigo del viento,
y desde
entonces soy porque tú eres,
y desde entonces eres, soy y somos,
y por amor seré, serás, seremos.
©Pablo Neruda
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