Tan
característica es la vestimenta del charro mexicano que
ha llegado a distinguirse a nivel mundial y a identificar a México
casi en cualquier lugar. Desde épocas pasadas hasta las
actuales ha llamado siempre la atención la elegante originalidad
del traje campirano de México ya sea a nacionales y más
aún a extranjeros.
Cito aquí
un texto escrito por la norteamericana Fanny Chambers de aproximadamente
el año de 1873 al describir el traje de charro: "...
el traje de paño o de gamuza con profusas aplicaciones
de brillantes ornamentos de plata, la faja roja alrededor de
la cintura y el corbatón colorido y suelto en el cuello,
además del alegremente galoneado aunque pesado sombrero,
todo contribuye para hacer de éste un traje eminentemente
apropiado para la apostura morena de quien lo viste. Cuando
monta su cabalgadura soberbiamente enjaezada, cuyos arneses
valen con frecuencia muchos miles de dólares, presenta
la estampa de un gran caballero..."
Como ésta,
son innumerables las citas y testimonios que personajes de otros
países han hecho sobre el atuendo del charro mexicano,
ya desde viajeros que pisaron las tierras del naciente México
independiente hasta historiadores y estudiosos de las diferentes
culturas en la actualidad. Algo común que todos ellos
han observado y logrado apreciar es que desde el atuendo de
gala que lucía orgullosamente el Hacendado en sus grandes
fiestas hasta el atuendo sencillo que usó el trabajador
más humilde de la Hacienda en las labores cotidianas,
deja percibir siempre una manera muy especial de ser, contrastando
en cada traje detalles al mismo tiempo recios y refinados casi
siempre de un gusto exquisito. Y para darse una idea de ello
baste citar dos personajes diametralmente opuestos en épocas
y en posición social en la historia de México:
por un lado quien llegó a ser en su momento emperador
de México: Maximiliano de Habsburgo, nacido en noble
cuna europea (y cuyo título de Emperador creo que nunca
llegó a ejercer a plenitud, pero en fin, ese es otro
tema) y por otro lado quien creciera y dejara parte de su vida
en las faenas campiranas como trabajador de una Hacienda y General
que llegó a ser de la Revolución Mexicana: Emiliano
Zapata. Ambos portaron, en su momento histórico, el traje
charro con elegancia y gallardía.
Claro está
que las diferencias se notaban - y aún se siguen notando
- entre la vestimenta de un charro adinerado y uno más
humilde pues, como lo es el caso de los herrajes (elementos
metálicos) que llevan los primeros en sus trajes son
generalmente de metales preciosos como oro o plata mientras
que los segundos son simplemente de acero, pero tan hermosos
y tan finamente trabajados los unos como los otros que en ocasiones
resalta más a la vista el arte de su manufactura que
el metal con el que están hechos. Lo mismo sucede con
los bordados, los sombreros, las monturas, etc.
Estas diferencias
materiales que existieron entre los atuendos de patrones y trabajadores
de la extensa campiña mexicana dio origen, tal vez sin
querer, al exquisito gusto con que se fueron creando los atuendos
charros, pues los trabajadores intermedios y humildes en su
intento de imitar las hermosas botonaduras de oro o plata que
portaban sus patrones o los trabajadores de más alto
rango, idearon sus atuendos para ocasiones especiales de manera
tal que simularan aquellas inalcanzables botonaduras mediante
aplicaciones ya fueran en tela o en gamuza sobrepuestas en el
pantalón o en la chaquetilla, dando origen así
al llamado traje cachiruleado (la palabra cachirul se entiende
en México como algo que va sobrepuesto) y del cual cabe
mencionar que yo soy partidario pues no creo equivocarme al
decir que resulta muy elegante, además de resistente
pues la gamuza de venado bien sabido es que dura muchísimos
años. Ya lo dice el dicho muy charro:
" El charro
de cuero se viste, por ser lo que más resiste "
A no dudarlo, no
se equivocaron nuestros antepasados al crear el traje cachiruleado,
pues la mayoría de los sobrepuestos que de gamuza llevan
los pantalones, las chaquetillas y las camisas les brindan a
estas prendas además de vistosidad y buen gusto, un refuerzo
extra que las hace más duraderas. Nunca se comparará
un pantalón de los llamados jeans de mezclilla y que
ahora desgraciadamente se usan casi de ordinario para andar
a caballo con un pantalón campirano, cachiruleado, pues
es éste último más bonito, más cómodo
y más duradero.
Así se fue
forjando con el tiempo y el quehacer cotidiano lo que en la
actualidad es el traje del charro mexicano, mismo que la Federación
Mexicana de Charrería ya en nuestros días ha distinguido
en varias categorías, a saber:
El traje de faena
El traje de media gala
El traje de gala
El traje de gran gala con su modalidad de traje de etiqueta.
Todos ellos bien diferenciados entre sí principalmente
en cuanto a los materiales de los que se fabrican y su uso en
tales o cuales actividades, pero siempre conservando la elegante
originalidad del atuendo campirano de México. Independientemente
de las mencionadas categorías de trajes, cabe mencionar
que éstos se hacen ya sea en un solo material o en combinación
de ellos, esto es, que hay trajes:
Hechos de pura tela.
Hechos de pura gamuza.
Hechos de gamuza sobre tela (los sobrepuestos y adornos son
de gamuza)
Hechos de gamuza sobre gamuza (la prenda es de gamuza y sus
soberpuestos y adornos también).
Las botonaduras - que generalmente son de plata - se pueden
colocar en cualquiera de los trajes ya sea en el pantalón,
en el chaquetín o en ambos, aunque no son indispensables
sobre todo si de charrear se trata. Y yo prefiero usarlas más
en el chaquetín que en el pantalón, pues lucen
bastante y no estorban para nada.
El traje de charro consta de los siguientes elementos:
El sombrero
La camisa
El chaquetín
La corbata de moño
La faja o ceñidor
El cinto
El pantalón
Los botines
Y aunque no son elementos
propiamente del traje de charro como tal, se consideran a las
chaparreras y las espuelas como parte de él, pues son
indispensables cuando se trabaja con ganado o se anda charreando.
En la actualidad
el traje campirano ha sufrido algunas variaciones si se compara
con alguno de aquellos trajes del siglo XIX pero no por ello
ha perdido su esencia ni su originalidad. Créame de verdad
si le digo que ni el más fino traje europeo se puede
comparar con un traje de charro, uno auténtico, de esos
que por fortuna se siguen viendo en nuestra gente de a caballo,
pues dejando a un lado el porte que da a quien llevase cualquiera
de ellos, el traje de charro se puede llevar sin menosprecio
de su elegancia, ya sea en cualquier fiesta de ciudad o en campo,
a pie o a caballo, lo cuál no sucede a la inversa.