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El
sembrador salió a sembrar Autor: Gerardo de Jesús Buitrago Ballesteros | Fuente: Catholic.net |
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Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!». Los discípulos se acercaron y le dijeron: « ¿Por qué les hablas por medio de parábolas?». El les respondió:
«A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino
de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará
más todavía y tendrá en abundancia, pero al que
no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por
medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan
ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de
Isaías, que dice: "Por más que oigan, no comprenderán,
por más que vean, no conocerán, Porque el corazón
de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han
cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan,
y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure".
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos,
porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo
que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen, y no
lo oyeron. Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno».
Oración introductoria Señor Jesús, ayúdanos a comprender este mensaje, porque no sabemos dónde está el final de la parábola y dóonde comienza nuestra vida. Aquí como en otros evangelios descubrimosAyúdame a descubrir en tus evangelios la importancia de la autenticidad en nuestra vida. Pero es necesario que no sólo que la entendamos, sino que la vivamos. Para esto necesitamos tu ayuda. Señor, enséñanos el camino. Meditación El viento nos pega en el rostro. A lo lejos Cristo, en una barca,
nos quiere hablar. Levanta su voz y parece que se ayuda de las olas
del mar para hacernos llegar su mensaje. Con la tranquila y suave brisa
de la costa se escapan de los labios de Jesús unas «palabras»
que, al parecer, sólo nos transmiten aspectos sencillos de la
vida rural. Cual estadio de fútbol la muchedumbre clama con cada
palabra de su boca. Algunas de estas palabras comienzan a retumbar en
nuestros oídos: Reflexión Apostólica ¿Qué tienen que ver con mi vida estas semillas? Todo. Sencillamente todo. En ellas está nuestra realización personal, y la verdadera autenticidad como cristianos. Las semillas son la palabra de Dios, lo dijo Cristo; pero no sólo son la palabra de Dios sino cualquier regalo que nos hace. Lo interesante es qué hacemos con estas semillas.
Propósito Ayuda a que alguien a quien conozcas se sienta más cerca de Dios al estar contigo. Una palabra, un consejo, lo que quieras. Tú también eres sembrador. ¡Sal a sembrar! Diálogo con Dios Jesucristo, ya me has hecho ver qué es lo que no me deja hundir mis raíces en una vida de unión contigo. Te pido me ayudes a alejar de mi vida cualquier ocasión de pecado que me aparte de ti. Necesito que me des la fortaleza para poder ser sembrador en el corazón de las personas con quienes me encuentre hoy. Quiero ser un cristiano auténtico. «Verdaderamente, los tiempos en que vivimos exigen una nueva
fuerza misionera en los cristianos, llamados a formar un laicado maduro,
identificado con la Iglesia, solidario con la compleja transformación
del mundo. Se necesitan auténticos testigos de Jesucristo, especialmente
en aquellos ambientes humanos donde el silencio de la fe es más
amplio y profundo: entre los políticos, intelectuales, profesionales
de los medios de comunicación, que profesan y promueven una propuesta
mono cultural, desdeñando la dimensión religiosa y contemplativa
de la vida. En dichos ámbitos, hay muchos creyentes que se avergüenzan
y dan una mano al secularismo, que levanta barreras a la inspiración
cristiana». En su viaje a Fátima el 13 de mayo de 2010,
S.S. Benedicto XVI |
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