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Esta expresión, al parecer,
envía un mensaje positivo, pues preocuparse por uno es bueno. Y
también brinda la imagen de que a quien se le está diciendo
no se preocupa por ella misma, y por eso la otra persona se lo ha repetido
en infinidad de ocasiones. Nada más lejos de la verdad. Quien la pronuncia generalmente es
alguien no preocupado por sí mismo y en la responsabilidad familiar
que tiene (la madre o el padre) considera que cumple su papel pidiéndole
a sus hijos que se preocupen por sus vidas, cuando él no ha sabido
hacerlo. Esto es una falta de respeto doble, a sí y a los hijos. Y sucede que la conducta de las figuras significativas, como son los padres, los maestros, los dirigentes o jefes, tiende a servir de modelo imitable. Si no se preocupa por usted es risible pedirle preocupación a su descendencia cuando ese no es el mensaje que le transmite su proceder cotidiano. Pero hay más, ese llamado
de atención encierra el famoso mensaje de "Haz lo que yo digo
y no lo que yo hago", que es inmoral, pues exigimos para los demás
lo que no consideramos para nosotros. Y cuando son los hijos quienes escuchan
esto, conocedores de sus padres, el efecto es muy desagradable pues quieren
hacerles creer algo negado por su propia experiencia. No le pida a sus hijos que se preocupen por ellos. Preocúpese por usted. Tenga en cuenta que es la persona más importante de su familia, porque si usted no funciona bien, ello será una preocupación para sus seres queridos, pues no podrán funcionar como cuando todo se desarrolla normalmente. Preocúpese de su salud física
y mental, para que ellos lo imiten. Preocúpese de sí mismo
y podrá llamarles la atención en el momento en que descuiden
este aspecto y lo más significativo, tendrá toda la autoridad
moral para hacerlo. Si no lo hace de forma sana, sus seres queridos tendrán muy pocas posibilidades de ocuparse de ellos porque la mayor parte del tiempo lo tendrán que dedicar a los problemas de usted. Evite, pues, reclamar atención sin necesidad, mecanismo utilizado con mucha frecuencia por personas con una ilimitada necesidad de afecto. Ellas les piden a sus seres queridos
que se preocupen por sí mismos y cuando éstos se disponen
a hacerlo, le surgen al aconsejante problemas, como una descomposición
estomacal repentina, una migraña insoportable, un incremento de
la presión arterial no comprobada, o muy cercana a las cifras habituales,
un malestar impreciso, en fin, cualquier queja que evitará a los
demás realizar sus planes. En fin, les piden que se preocupen por
sus vidas, pero en realidad no los dejan hacerlo.
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